Soy un miembro de la Iglesia de Jesucristo de Los Santos de los Últimos Días. Los jovenes hombres tienen un deber al tener los 19 años al servir una misión para predicar al evangelio donde sea en el mundo. Siempre quería servir una misón, y por tanto, apliqué para hacerme misionero el el año 2006.
Después de algunas semanas, me mandaron mi llamamiento misional. Me dijó que iba a servir en Costa Rica hablando el español. ¡Qué emoción! Tenía mucho ánimo al servir en otra idioma hablando en una tierra tan linda.
En Febrero de 2007, entré en el centro de Capacitación Misional (el CCM) al nivel básico del español. Al empezar en nuestros clases, donde aprendemos no sólo el español pero tambíen enseñar y servir, los maestros se dieron cuenta de que yo tenía más habilidad para comprender y hablar el español que mis otros compañeros. Después de una semana, me cambiaron al nivel y clase intermedio. Allí aprendí más rápido; tenía oportunidades para practicar de verdad, lo cual es lo más importante.
En aquel tiempo, mi idiolecto fue cómo lo normal que adoptan estudiantes del español, tratando de decir los "rr" correctamente, poniendo enfasis en las silabas correctas, etc. Y yo sentí mucho orgullo en mi manera de pronunciar correctamente palabras y letras en cada instante (de acuerdo con lo que pensaba que fuera "correctamente").
Nos enseñaron cómo orar, cómo contactar a las personas, cómo enseñar algunos principios del evangelio a un rato mucho más rápido que mis tres años antes en las escuelas. Es interesante eso. Bueno, después de pensar que tenía una buena comprensión del idioma, y nueve semanas de aprendizaje, por fin salí para Costa Rica.
Allí empezé con mi aprendizaje verdadero...
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